Existencia es lo que nunca es objeto; es el origen a partir del cual yo pienso y actúo, sobre el cual hablo en pasamientos que no son conocimiento de algo: 'existencia' es lo que se refiere y relaciona consigo mismo y, en ello, con su propia trascendencia. (Jaspers, Filosofía)[1]
Años
atrás, un profesor de biología me dijo que un problema no lo es, si no tiene
solución, pero ¿Y si yo soy el problema?
Entonces quizá tengo la solución
en mis manos. Lo cierto es que a lo largo de mi vida me han dicho y he
escuchado cientos de exhortaciones que
apuntan al mismo cuestionamiento. Sin
embargo, creo que la verdadera pregunta es por qué formulamos este
interrogante, y bajo qué condiciones lo hacemos. Generalmente sucede cuando cometemos
errores. Ese fragmento humano consciente
de su existencia como una experiencia de vida que se apoya en la angustia, y
que bajo su manto de auto-conmiseración nos lleva a concluir que fuimos arrojados al mundo, es la causa y el
efecto, precursor de nuestras crisis de
consciencia. Durante este trance crítico
cuestionamos el influjo que ejercemos sobre las condiciones e indagamos
cuidadosamente acerca de qué tanto o qué tan poco entorpecemos determinada
situación o actividad. Si nuestro
comportamiento un día desencadena el rechazo de terceros, y comenzamos a
sentirnos como la pieza que desencaja,
la frustración nos hará preguntarnos: ¿Y si yo soy el problema? Y bajo estas circunstancias lo
mejor será reformular el interrogante, para así establecer cuál es el problema,
y no quién.
Sin
embargo, cuando es indispensable
responder, porque así lo requiere la
ocasión, lo mejor será definir bajo qué contexto se desarrolló (o generó) el problema. Bien podríamos generalizar un poco, y recapacitar: No causé el daño ambiental que
hoy respiro, ni destruí la capa de ozono; no provoqué el hundimiento del
Titanic, ni convencí a Alemania de
atacar a Polonia para que Francia declarara la guerra a los nazis; no causé el
Tsunami que azotó a Japón, o la contratación de los Nule, y mucho menos fui el origen
del reciente temblor cuyo epicentro fue Cúcuta, pero que como daño colateral, se
sintió en Bogotá. Así las cosas, y
solo como un ejercicio sano, cuyo fin
sería recrear un ambiente libre de culpas, podríamos afirmar abiertamente que
al no ser parte activa del problema, de ningún conflicto que degenere el
bienestar social o cultural de nuestro entorno, simplemente no lo somos, y
felizmente concluir diciendo: no soy el
problema. Más, hay algo que sí
debemos poner en consideración, incluso a riesgo de contradecir todo lo antes
escrito, y es que cada uno, como ser independiente tiene control sobre su
propio mundo, y que ese microcosmos, tendrá el poder de afectar directamente a
todo el que decida involucrarse y permanecer cerca. Esto lo comento, porque creo necesario
esclarecer el hecho, y darle valor a la pregunta en términos particulares, tal
y como está formulada: desde el yo, y dirigida al yo. De modo que la respuesta
atañe al yo, aunque pueda traer
repercusiones, no importa si positivas o negativas para algún tercero colado en
nuestra versión de mundo.
[1]
EL EXISTENCIALISMO. La Existencia.
Recuperado el día 2 de marzo de 2012
en: http://filosofia.idoneos.com/index.php/350148